- Un día me llego la noticia que Roberto Bolaño había muerto, en principio, muy ingenuamente, lo confundí con Roberto Gómez Bolaños (Chespirito, el chavo, el doctor Chapatin, la chimortrufia, etc…) pero, mi amiga Angela, y luego, una columna de una revista que suelo frecuentar, me confirmaron que era un escritor que yo desconocía y al cual me enfrentaba sólo con la noticia de su muerte. Ello fue el año pasado, sin embargo, hasta ahora tuve el tiempo, el coraje ¿no sé? de leer uno de sus libros: “Llamadas telefónicas”. En él hay un relato corto (cómo suelen llamarlo los críticos -parece no tener los suficientes rasgos de ficción para considerarlo cuento-) que lleva el mismo nombre, y, en muy pocas palabras narra, o mejor, sugiere, esa sensación -que alguna vez todos hemos tenido- de querer matar a un (ex)amante. Ya no me acuerdo quien fue el que me dijo que ese era el peligro de convertir una metáfora en su sentido literal, que por alguna razón ello no estaba permitido… desde ese día creo que prefiero más las metonimias –me parecen un poco más honestas-.
- Me acorde de ese cuento el fin de semana pasado en la fiesta. Todo fue muy extraño, y, aunque empezó con una extraña llamada telefónica para saber si seguía en su casa o no, era demasiado fácil predecir que se encontraba allí. A diferencia del cuento de Bolaño mis palabras, ese último “tenemos que hablar”, quedó tal cual… en el aíre. De nuevo una extraña discrepancia con algún filósofo que afirmaba que toda “obra de arte” nos abre el mundo, y, que, nuestras pequeñas experiencias cobraban sentido a partir de la lectura de ella; yo no estoy de acuerdo con eso -y no sólo es por la pelea que tengo cazada con la academia en este momento- sino que pareciera que ese reflejo o ese reconocimiento con la obra sólo se da porque de una u otra manera acomodamos lo que nos pasa a lo que leemos o vemos. Ese es un hecho del cual se ha servido el arte contemporáneo, una obra no es totalmente hermética o carente de sentido, simplemente no hemos tenido esa experiencia que permite entenderla; ya no hay que esperar que la obra nos diga algo, sino que la obra espera que nosotros le hablemos.
Tuesday, December 21, 2004
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
1 comment:
No se si es como cuando no se entiende nada, pero queda uno contento. una amiga el otro dia me pregunto por si me habia gustado el performance, y solo atine a decirle que si, que me habia gustado. y me regaño. pero es nada que no remedie una borrachera, pero ahora ando de rehab.
Post a Comment